Acid trip

A lo lejos se mueven los arbustos, pero solo estamos nosotros tres, los colores se intensifican, mis sentidos se agudizan, y desde que consumimos ese “papelito” he vivido una experiencia inolvidable, algo brilla detrás de las plantas, se escucha un sonido y eso que está escondido se revela. ¿Qué nos deparará?

Es un 23 de diciembre, y a pesar que la mayoría están compartiendo con sus familias, tres locos decidimos romper la rutina, adentrarnos en la montaña, acampar y con un buen ambiente aventurarnos a probar por primera vez un trip; invitamos a un amigo más experimentado que sirvió de “Guía Espiritual”, ya que no teníamos práctica con eso de los ácidos, y a pesar del miedo y la duda, decidimos probar.

Colocamos los “papelitos” en nuestras encías, estábamos inmersos en la montaña, sin ruidos, sin Internet ni molestias, el ambiente perfecto para medírsele al viaje. Horas después empecé a ver de forma diferente, los colores se intensificaron y de la nada los árboles empezaron a danzar, casi como dando la bienvenida a ese mundo mágico, tenía una conexión increíble con la naturaleza, como si al poder tocar la tierra consiguiera sentir el viento que pasa por las hojas de un árbol y como el agua abrazaba las rocas que se encuentran en el camino.

Después de vivir el saludo de la montaña, caminamos a ciegas iluminados solo por nuestros sentidos, una de mis compañeras pudo percibir el agua de una cascada y al acercarse a ella se conectó con su nacimiento, dijo sentir el cordón umbilical y recordar a su madre; tal vez, todos estamos conectados por los elementos a nuestra madre tierra, pero somos muy ciegos para verlo.

Volvimos al campamento e intentamos encender una fogata, al soplar la leña caliente vi como estábamos entregando parte de nuestra energía para que naciera el fuego, de nuestras bocas salía no solo aire sino vida que regalábamos a la tierra para que ella nos entregará llamas a cambio. Mientras avivamos el fuego, mi amigo pudo percibir como a lo lejos algo empezaba a moverse en un arbusto, una luz, y con ella empezaron a salir raíces de los árboles que se conectaron a las venas de nosotros, que aún tratábamos de encender la fogata. Al final, exhaustos de pretender fallidamente iniciar el fuego, nos recostamos a ver las estrellas y sentir la forma en que se iban alejando los efectos.

No puedo decir qué fue lo más extraño de todo, pero definitivamente tengo una percepción diferente de la vida y la naturaleza. Los árboles están hablándonos a cada instante y quieren danzar con nosotros, pero es probable que nuestras ideas egocentristas no nos dejen oír el llamado de la tierra, siento que mi mente está abierta, y de vez en cuando, al andar en bicicleta veo que las montañas se agitan, tal vez llamándome a mi próximo viaje.

 

Ph: @madrinator

Intervención: @Federico_iglesias_artista

 

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