Before existing fungicides and chemicals

 Los custodios de semillas pretenden conservar las especies nativas de cada región evitando su extinción; igual que sus antepasados, para lograrlo  guardan, comparten y hacen trueques con las semillas de las plantas que cultivan, por esto a pesar de la deforestación se preservan las plantas ancestrales para generaciones futuras. Una tradición milenaria que ayuda al planeta, pero que lastimosamente es ilegal en varios países en el mundo, incluyendo Colombia como lo sustentó  el Congreso de la República a través de la ley 1518 de abril de 2012.

En la actualidad dicha tarea es muy difícil de realizar,  la sobrepoblación, las restricciones por parte de los terratenientes e inclusive la ley están en contra de este ejercicio,  y como algunos campesinos indican “Cada día la tasa de natalidad aumenta pero la tierra no, y cada vez hay menos espacios para sembrarA pesar de estos factores diversas agremiaciones desde la ilegalidad se han convertido en los RockStars de las semillas, ya que a través de protestas pacíficas, realizan plantaciones masivas, comparten sus conocimientos y semillas con los demás.

Está práctica se complementa con los centros de domesticación de semillas, que son espacios de conservación en donde los agricultores albergan el conocimiento sobre los cambios que experimenta la semilla de acuerdo a los pisos térmicos, las características del terreno, los ciclos del sol y de la luna, el riego, entre otros cuidados, representando un legado histórico para la supervivencia de la especie.  

Por esto, hechos históricos como la recuperación pacífica de la Finca Mendeval en marzo del 2007, ubicada en el municipio de Supía (Caldas) y destinada hoy en día a la siembra de semillas criollas, fue un paso vital para recobrar un espacio en donde lo importante es hacer agricultura con espiritualidad. Un caso parecido es el esfuerzo que llevan a cabo los campesinos del Catatumbo para lograr que el gobierno nacional decrete este territorio como zona de reserva campesina (ZRC).

En el año 2013 Colombia entera se indignó al ver, a través del documental 970, como se destruyeron 62 toneladas de semillas de arroz con la ayuda del Esmad en Huila, ya que para el ICA estas semillas son ilegales, las legítimas que son modificadas genéticamente, sólo deben ser compradas a multinacionales autorizadas.

Esperemos que los  saberes milenarios de la tierra, las plantas y la vida que nuestros antepasados han aprendido a sembrar con sus manos sean más relevante que las normas internacionales, y que al fin se reconozca el arduo trabajo de estos rebeldes de las semillas, cuya única misión es transmitir las enseñanzas sobre el cuidado armónico de la tierra.

Ilustración: Daniela Barreto Instagram: @Labarretoilustrada_

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