The roll of the bugs

En una tarde lenta de sábado, sin prisa y sin compromiso de llegar a tiempo a ningún sitio, me abrazó aquel deseo salvaje y primigenio, y me vi frente al sitio donde le daría rienda suelta, traté de decidir entre un bizcocho o una reina, finalmente pedí un pan hawaiano, cuando le había dado el primer zarpazo, pude ver como una mancha café del tamaño de una enorme cucaracha corría entre los panes frescos en la vitrina, un frío sentimiento me recogió al mismo tiempo el ceño y los  hombros, el masticar se detuvo y el pan, con el deseo se fueron a la basura; maldito insecto, tan solo verlo me revolvió hasta las epifanías.

¿Cómo pueden ser tan diminutos y asquerosos? ¿Cómo nos podemos sentir tan amenazados por tales insignificancias? Ésta vez se llamó cucaracha, otro día pueden ser arañas, o tal vez moscas, pero siempre que les encontramos de frente, no podemos contener las ganas de hacerlos una repugnante mancha babosa con patas o correr por nuestras vidas.

Todos podemos contar una historia terrible, asquerosa, donde nuestro villano es un pequeño ser de esos, en cada relato lo exageramos un poco más; como aquella madrugada de la araña en el baño, la noche de la cucaracha sobre la blanca sábana y su increíble acto de desaparición, o la infaltable mosca en la sopa, somos unos indefensos animales de 60 kilos, creadores de armas atómicas y cruceros espaciales, frente a esas efímeras existencias, es una coexistencia que no podemos soportar, ¿Quién podría vivir entre insectos? ¿Quién cambiaría un noble gato como mascota por un vil coleóptero?

Pues con todas esas ideas y preguntas revoloteando como cucarrones en mi cabeza, logré ver en el cuello de alguien, un gigantesco escarabajo, ese alguien estaba sentada en una de las bancas del parque al que había llegado casi sin darme cuenta, era una mujer, situación que no había podido advertir por el impacto del bicho, me acerqué sutilmente para ver de qué se trataba, era un enorme tatuaje, de un Acrocinus longimanus (como supe después que se conocía), con increíble detalle, con trazos excepcionales y casi vida propia.

Como mi afán era ninguno, y ella ya me miraba levantando una de sus cejas, cosa que no había notado pues habían estado mis ojos aferrados a su dibujo y a su cuello, decidí sentarme y preguntarle, porque la curiosidad me desbordaba.

Laura dijo llamarse, Arias era su herencia, tan solo le pregunté por su insecto, mientras apenas le podía sostener la mirada, encontrando en su cuerpo toda una multitud de seres, alas, patas y antenas, cuando ella ya había tomado la palabra, como acostumbrada a las preguntas y orgullosa de lo que tenía que contar.

Primero dijo que tenía fobia a los gusanos, cucarrones mierderos y cucarachas, pensé que me tomaba del pelo, pero lo había dicho bien, tenía, porque de esa fobia ya no quedaba nada, había conseguido enfrentar su miedo y había ido más allá, los contemplaba con fascinación e incluso muertos se atrevía a tocarlos con curiosidad, descubrió que son inofensivos y que tan solo se alteran cuando sienten miedo, miedo a nosotros que somos en realidad los grandes depredadores inconscientes de este planeta.

Esa curiosidad tan poco usual se conjugó con otra pasión que ocultaba, contó que siempre le gustó dibujar, aunque no fuese un don con el que hubiera nacido, y como parece que estuviera en su naturaleza, también fue más allá y quiso que sus dibujos fueran perdurables e indisolubles, por eso los llevó a su piel, a escondidas primero, mientras se educó en artes plásticas y consiguió un empleo de oficina, hasta que no pudo contenerlo más, abandonó su empleo y se dio a su pasión, a los tatuajes encontrando en los insectos su mayor inspiración, en como ella los describe: su simetría, colores, manchitas y figuras, son increíbles, lindos y que hacen ruidos raros, los coleccionó en su memoria y en su imaginación, cokito dijo que se llama el que escala por su cuello y que en su estudio permanece disecado, hoy sus insectos rondan las calles de Armenia en la piel de los que le han servido de lienzo para desahogar su talento, su ex fobia y su agitado ingenio.

 

Laura Arias Instagram: @lauraariastattoo

Cel: 3226493242

Armenia – Quindío

Ph: @leidymrico
    

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